martes 12 de mayo de 2009

Aluminio

Primavera de 1.982

A las cinco de la tarde, el veterano operario González se lavó la cara en el vestuario de la fábrica de aluminio, recogió su chaqueta y se marchó corriendo.
Veinte minutos más tarde, enfilaba el bulevar del Duero a toda prisa para llegar antes que el timbre del colegio sonase.

Una vez más lo consiguió. Allí estaba la pequeña C., toda pelo negro, toda ojos grandes, con la cartera Perona como caparazón de su cuerpecillo. Le cogió de la mano, le dió la merienda y, ya en el parque, le hizo entrega de un regalo más que preciado: tres tapas de aluminio premiadas de los yogures "Danoplait", esta semana los premios consistían en un muñeco de D'artacan y una hucha de los Mosqueperros.
La pequeña C. sonrió ampliamente y besó a su abuelo en la mejilla. A pesar que, con esos tres, ya disponía de todo el catálogo de regalos de los yogures, realmente le encantaban los Mosqueperros. Y quería a aquel hombre.

Misma época, 550 kilómetros al este

A las ocho de la tarde de un lunes cualquiera, el pequeño R., piernas flacuchas, flequillo alborotado, estira a su madre del abrigo para que, en vez de los yogures de oferta, compre "Danoplaits". Todas las semanas la misma historia: discusión sobre lo que cuesta llegar a fin de mes, lo que le gustan los uno , dos y tres famosos Mosqueperros, suspiro materno y cuatro yogures en la bolsa.
En todas las tapas del pequeño R. siempre el mismo mensaje: "siga jugando". Igual una semana, otra, y otra. "Otro niño tuvo más suerte esta vez, seguro que la próxima tanda es la mía", se consuela.

Pasan los meses, llega el verano y termina la promoción de los mosqueperros, la fiebre viene ahora de la mano de Naranjito.

Así que esto también era injusto. Seguiré comprando yogures, de todos modos.

miércoles 21 de enero de 2009

Naturaleza en acción (I)

El mosquito yonki se cría junto a los más y mejores humedales del ecosistema urbano: los conductos del aire acondicionado. Lamentablemente falleció víctima de una masiva transfusión de sangre en mal estado.

Las hormigas geishas son expertas en el placentero arte del masaje. Ataviadas con su kimono zen, son capaces de producir con sus patitas una fricción tan placentera que te lleven al éxtasis en menos de sesenta segundos.

Las cucarachas "maitre" son las más indicadas para gestionar su negocio de hostelería. Cierran las reservas por teléfono, prueban la sopa y la rechazan si está sosa o fría, campan con humildad por sus salones y son el colmo de la discreción.

viernes 28 de noviembre de 2008

El hombre que se convirtió en lengua - (I)

El señor Bitnik regentaba una pastelería en la calle principal de uno de los barrios más populosos de la ciudad. Admirados eran sus pasteles de manzana, sus hojaldres y especialmente sus pasteles rellenos de nata.

Pero aún más conocido era por ser el acaparador de noticias del barrio: no había suceso que aconteciese en aquel lugar que escapase a los oídos del señor Bitnik, y a la posterior difusión del mismo entre todos sus parroquianos.

- "¿Saben quién se ha quedado sordo?. El señor Sordinen".
-"Señora Gumprenk, ¿cómo lleva su vecina que a su hija le plantase su novio?. Una lástima, con las bonitas flores para el altar ya compradas y el pastel de merengue ya cocinado".

Debido a su jaqueca crónica y al asma, el médico de la señora Bitnik le recomendó que evitase pasar los veranos en la ciudad, y que buscase un clima más seco; así que esa misma semana la señora Bitnik se marchó de vacaciones junto con su hermana, dejando al señor Bitnik solo al cargo de la pastelería.



Un par de meses más tarde, con la temporada de lluvias, la señora Bitnik regresó a la ciudad, con mejor salud y cargada de todo tipo de productos, entre ellos, una cesta de rebollones cogidos por ella misma. A ella particularmente no le gustaban, pero su marido estaba encantado, por lo que los preparó en tortilla y el señor Bitnik dio buena cuenta de los mismos.



A la mañana siguiente el señor Bitnik, como siempre comenzó a aderezar los encargos de pasteles con comentarios afilados sobre los vecinos.
- "Señor Kannen, ¿no nota que el perro de Rudolph se parece cada vez más a su dueño?. ¿Será porque el otro día los ví persiguiendo a la seño... a la... a la señorita Kaxondenn?"

El señor Bitnik comenzó a sentir un malestar en la garganta cada vez que comentaba alguno de los acontecimuentos vecinales. En un principio lo atribuyó a un incipiente resfriado, pero , al comprobar en el espejo del pasillo su aspecto, observó aterrado cómo lo que le sucedía en realidad es que su lengua se hacía cada vez más grande.


Aquella misma tarde acudió al médico de la familia, el doctor Tolet, y éste le envió al cirujano de lenguas más eminente para que valorase su problema sobrante.

Continuará

jueves 20 de noviembre de 2008

Exposiciones

MUSEO DE HISTORIA DE PAPA LUCIUS - DEPARTAMENTO DE VISITAS GUIADAS
Lunes, 15 de noviembre de 2023 - 10:00 AM

PROFESOR MATHEWS:
"El día en que Lucius Harris, nuestro adorado líder, vio la luz del mundo por primera vez, sus padres se encontraban en la situación que normalmente se habían encontrado a lo largo de sus vidas: trabajando de sol a sol".

"Mientras Efraín de los Santos, su padre, arreglaba la antena de TV de su hogar, ansioso por poder presenciar el discurso de la victoria de la primera presidenta afroamericana de los USA (Condoleeza Rice II, a su vez, hija del primer presidente transexual de la historia de los USA); su madre Teselma María, embarazada de siete meses, se afanaba frotando las sábanas de hilo del dote. Nada parecería turbar esta estampa familiar, cuando de repente, del cielo cayó una gran pancarta (“Bebe Cola Kurda” rezaba, como bien sabéis, mis niños); posándose en el pararrayos del hogar y provocando que, aturdido, el querido patriarca Efraín cayese al suelo. Teselma, azorada, sintió cómo las entrañas se le removían del susto, rompiendo aguas inmediatamente".

"Suerte que su vecino Izan Juan Escala y Korda, el buen samaritano, subió en el acto y pudo llevarse a la pareja al hospital, a Efraín a traumatología y a Teselma al paritorio".

"Como sabéis, la fotografía que ahora contemplamos es la instantánea que el buen samaritano tomó tras recoger la pancarta que se había desprendido del arnés de la avioneta publicitaria".

sábado 11 de octubre de 2008

Infierno

Sitapha trabajaba en el tejado del que sería el edificio más alto de la ciudad. Paleta en ristre, ladrillo va, ladrillo viene, trajinaba concentrado en silencio. Al terminar una fila de ladrillos, alzó la vista, y pudo contemplar cómo toda la ciudad quedaba a sus pies.

Recordó años atrás, cuando era sólo un niño, y su padre, el rey de su pueblo, lo llevó a la colina más alta, desde donde se dominaba todo el valle. Un valle que fue todo lo que su padre vio en la vida. "Desde aquí hijo", le dijo, "todo lo que ves será algún día tuyo"

Ramón, el capataz, gritó: "¿Sita, en qué piensas?"

"En que nada de lo que veo será nunca mío"

jueves 24 de julio de 2008

La planta ful

¿Recuerdas aquella planta que teníamos en la terraza? ¿Aquella que de no regarla estaba cada vez más y más seca?


Pues bueno, sucedió que los primeros rayos del amanecer del martes acariciaron sus hojitas y ese calorcito agradable le despertó. Recordó que, de hecho, su vida no había sido siempre así, anclada a una maceta del todo a 100; y que, por tanto, no necesariamente estaba condenada a secarse y a morir allí mismo.


Y es que de tanto pensar que la tierra que la sostenía era firme y las raíces que le mantenían en pie tan inamovibles, no sólo no había intentado moverse de allí, si no que había olvidado que no era una planta.


Y sí, unos días más tarde aquella planta ful se decidió, volcó la maceta que le había oprimido durante todos esos años y se fue, no sabemos adónde, pero intuímos que está bien

viernes 18 de julio de 2008

La irrelevancia de llamarse Ernesto

Ernesto era un chico de una provincia pequeña de un país alejado, que había llegado a la gran ciudad, crisol de razas y encrucijada de caminos, esa gran urbe llamada Madrilona.

Compartía piso, porque los alquileres hay que ver como están que no se pueden pagar, si no compartes piso y te llamas Ernesto y no tienes trabajo ni oficio ni nadie que te comprenda

Y en eso Ernesto conoció a una chica, llamémosla Ernestina, que era compañera de su curso de Taxidermia Aplicada en la Universidad Autónoma de Taxidermia Aplicada de Madrilona
A Ernesto le ponía Ernestina. Él pensaba que era amor, pero no, sólo era un recalentón. Hay que ver, Ernesto, como metiste la gamba.

Pues la metió (la pata, se entiende) tal y como cuento ahora. Organizó en su casa una cena para Ernestina, confiando ingenuamente en que la chica se quedase hasta tarde, y cuando ya no le quedase más remedio, accediese a dormir en su habitación, dando pista libre a sus instintos más primarios (no, no se trata de colorear y recortar); pero, de hecho, lo único que consiguió es que la tal Ernestina le criticase la pasta con pasas que había cocinado y se le bebiese el vino (y no el Don Simón, sino dos de los vinos más caros de la estantería del Consumona)
Y llegó el final de la noche, y la tía que nada; que se metió a dormir en la habitación de una de las compañeras de piso de Ernesto, que también conocía a Ernestina y mal la tragaba
El final fue más apoteósico que todo esto: al poco rato de acostarse, Ernestina tuvo que salir corriendo a deshacerse del vino y las pasas por vía oral express (terrible combinación, mucho peor que el Baileys con Coca Cola); e impregnó con tal asqueroso mejunje todas las paredes del pasillo, culminando el desalojo con una inmensa pseudo-pizza que presidía la entrada cuarto de baño

A la mañana siguiente, no quedaba ni rastro de los incidentes de la noche anterior, ni tampoco de Ernestina. Y esto fue porque Vecinilla (la compañera de piso sacrificada), tuvo que:- fregar los cacharros de la cena- sacar en limpio las paredes de la casa- despertar a Ernesto para que no llegase tarde a su examen de “Taxidermia sostenible II: entropía insectívora”

¿Cuál es la moraleja de todo esto?Ser como Ernesto está mal, porque no te das cuenta de quién tienes delante, sino de quién te gustaría tener delante, así que te pierdes todo el mundo que queda detrás de la tela de tus ensoñaciones, pero…Ser compañer@ de piso de un romántico de estos es mucho peor: no te dejan dormir tranquilo, te toca aguantar a una petarda en tu habitación y para colmo te toca fregar como un campeón.